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La justicia desde el Miraísmo |
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La justicia se sustenta en la garantía del ejercicio pleno de todos los derechos en igualdad de condiciones y que las oportunidades existentes sean equitativas.
Para el Miraísmo la justicia es un valor final o meta porque se entiende como una virtud con la cual se propician escenarios que beneficien a todas las personas para contrarrestar los daños que disminuyan la calidad de vida o transgredan la dignidad de los demás.
Existe una justicia que es reparadora de los daños ocasionados por las acciones de otros, una justicia restauradora que es volver al bien común para todos y otra transformadora, fundada en la esperanza de lograr un estado donde todos puedan tener en igualdad de condiciones la satisfacción de sus necesidades.
Desde el Miraísmo, estos tipos de justicia se caracterizan por tener unos valores instrumentales que caracterizan el comportamiento y que son necesarios para llegar a un equilibrio adecuado como son: benevolencia, racionalidad, imparcialidad, equidad y legitimidad.
En ese sentido, la justicia está directamente ligada con la benevolencia ya que contiene las acciones que buscan la satisfacción de las necesidades de la población y el bien común.
Con la benevolencia no se piensa principalmente en recibir algo a cambio, sino es saber que obrando con justicia social y propendiendo por el bienestar colectivo, la calidad de vida individual se mejora directamente.
La racionalidad no sólo es la sistematización del conocimiento producto de la razón, sino que desde el Miraísmo también es el producto de la construcción colectiva; Algo es justo y a la vez racional cuando es producto de la razón y todos pueden comprender y admitir como cierto y socialmente lógico.
Por esto, para el Miraísmo es importante formar a las personas para que vean la importancia de sus aportes como miembros de la comunidad, impulsar, animar, estimular, alentar sus acciones para que hagan parte de manera activa de la tomas de decisiones que afecta directamente su vida en particular y en sociedad; La justicia social sin la participación no puede hacerse realidad.
La racionalidad dentro de la justicia incluye también la observancia, es decir, el cumplimiento, acatar, cumplir con disciplina, veracidad y objetividad los compromisos normativos, sociales y políticos que se asuman.
La imparcialidad es el valor que se evidencia en acciones que no son arbitrarias u orientadas a una población o grupo específico, sino que se destaca por la mediación y la conciliación entre los intereses para beneficiar la población en general reconociendo las diferencias territoriales, económicas, sociales o culturales.
La equidad está directamente relacionada con el equilibrio moral existente en las personas que les permite actuar con moderación y desinterés. De esta manera, es equitativa aquella persona que siempre da de la buena parte y propende por la igualdad en las condiciones de todos.
Actuar con equidad es ser magnánimo, clemente, afable y generoso. La equidad es entendida como la ecuanimidad o imparcialidad de juicio en la toma de decisiones.
El propósito de la equidad es igualar las condiciones para todas las personas; poner a aquellas personas que tienen más necesidades insatisfechas y que han sido agredidas en su dignidad en niveles más altos de satisfacción personal.
Esta justicia y acciones correspondientes llevan inevitablemente al valor de la legitimidad, al merecimiento de confianza y aval por parte de las comunidades, porque las acciones resultan ser convenientes y suficientes para todas las personas, lo cual les permite tener autoridad para juzgar, pronunciarse, y proponer en nombre de ellas.
La justicia debe conducir a la garantía real de los derechos de todos es igualdad de condiciones, al bien común por medio del uso adecuado de la razón y de la construcción conjunta e imparcial del conocimiento y de las decisiones para que las condiciones de calidad de vida sean legítimas y equivalentes para todos.
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