La solidaridad, es un sentimiento que nace cuando el bienestar personal no puede coexistir con la necesidad o disminución de los derechos de las demás personas; la solidaridad se alcanza cuando se entienden las situaciones que limitan la dignidad humana y la calidad de vida de las personas, y se busca la integración, cercanía y unión de las personas para resolverlas
La solidaridad es un valor meta o fin ya que si todas las personas logran establecer sus relaciones humanas por medio de éste valor, se podrá garantizar la unión, el bienestar cooperativo y la paz social que se propende desde el Miraísmo.
En efecto, el Miraísmo promueve la solidaridad y los valores instrumentales que permiten su realización y dan contenido a una relación solidaria: amistad, la confianza, la comprensión, el empoderamiento, la fidelidad y el compromiso con el otro, en el mejoramiento de sus condiciones de vida y dignidad.
La Amistad es entendida como aquella relación afectuosa, vinculante, recíproca y desinteresada que nace entre dos o más personas y que se fortalece a través del tiempo cuando se comparten voluntades y expectativas comunes.
Este valor se hace evidente en el celo o cuidado de unos por la dignidad del otro, es decir que se preocupa por su calidad de vida, por sus condiciones individuales y por el cumplimiento de sus proyectos de vida.
Para el Miraísmo, la amistad se sustenta en el establecimiento de un vínculo sólido entre todos los seres humanos donde se reconoce mutuamente la dignidad del otro.
La confianza es el nivel más alto; cuando existe confianza se guarda fidelidad, es decir, se construyen lazos de lealtad, de apoyo sincero que permanecen a través del tiempo, para el afianzamiento del sentimiento de igualdad, compromiso y de interés mutuo, que hacen de la amistad uno de los sentimientos más profundos existentes entre los seres humanos.
Para el Miraísmo, la confianza tiene dos dimensiones: la confianza que nace y se consolida como un producto y se forma y reproduce a través del tiempo como un proceso continuo que cada día se renueva.
La confianza como producto surge del buen ejemplo, del llevar a cabo acciones correctas, legítimas, que estén al servicio y velen por el bienestar de las comunidades. Para dar ejemplo se requiere de veracidad, es decir de claridad y rectitud en las acciones, de franqueza no creando falsas expectativas sino de actitudes caracterizadas por la sencillez, que busquen la mediación, armonización y pacificación de las relaciones sociales conflictivas.
La comprensión, es saber valorar y escuchar a las personas como iguales, estimarlas, apreciarlas por el hecho de ser seres humanos con necesidades y sus inquietudes y ciudadanos con derechos y deberes, con ideas, proyectos de vida y conocimiento valioso para la construcción de sociedad.
La confianza como proceso se sustenta en el concepto de empoderamiento, donde la comunidad asume y es conciente del poder político y de decisión que detenta dentro de la democracia. Este proceso debe demostrar que hay que renovar el concepto de la política, es decir, transformar aquellas actuaciones tradicionales donde el poder político se sustenta en la dominación de una elite y el de intereses particulares, hacia un escenario donde la comunidad directamente o por medio de unos representantes cercanos y amigos, transforma las realidades para la satisfacción de las necesidades y bien común.
De esta manera la amistad y el subsiguiente proceso de la confianza deviene de relaciones respetuosas, comunicación y confidencia entre los integrantes de las comunidades y sus representantes.
El empoderamiento, no sólo es asumir el poder político desde la comunidad, sino necesariamente la amistad implica fidelidad, la cual es el compromiso que permanece firme y constante en defensa del bienestar y del interés general.