La integridad tiene dos concepciones básicas, desde el derecho la integridad personal se refiere al derecho a no ser objeto de vulneraciones en la persona física, como lesiones, tortura o muerte, mientras que desde la ética, se refiere a la cualidad que integra una amplia gama de aptitudes poseídas, que llevan o propician la paz.
El Miraísmo cree que para que existan procesos de desarrollo y de cambio en beneficio de las comunidades, no sólo deben existir cambios en las estructuras políticas, sociales, económicas, institucionales y administrativas, sino también en las actitudes personales frente a los demás y las realidades, para que los procesos sean de largo alcance.
Para el Miraísmo la integridad es la realización o manifestación real y agregada de las virtudes y valores que componen el comportamiento de una persona; se refiere a la capacidad del ser humano de actuar con responsabilidad, rectitud y honestidad, conforme a la amistad, justicia y deliberación tanto en los ámbitos privados como públicos, siempre pensando en el bienestar no solo personal sino colectivo.
Dentro del valor de la integridad, encontramos valores instrumentales que permiten caracterizar los comportamientos: como la virtuosidad y la integralidad.
La virtuosidad para el Miraísmo es la condición del ser humano caracterizada por los altos valores morales que promueven el respeto, la cooperación y comprensión del otro, actitudes abiertas y tolerantes, así como el servicio hacia el bienestar común.
Al hablar de accionar virtuoso hablamos de ser responsables, tener observancia, es decir dar cumplimiento de las normas; tener la claridad ideológica y fidelidad a la misma, es decir tener conocimiento del Miraísmo, valorarlo, cumplirlo a cabalidad, entendiendo que la calidad de vida y la dignidad humana es su fin en sí mismo, en donde el interés general y la suma de intereses se logra a través del servicio social y políticos para la construcción conjunta y sin esperar algo a cambio.
Ser virtuoso implica tener responsabilidad de los actos, entendiendo que ser responsables es responder de manera correcta ante todas las personas, siempre velando porque las acciones particulares no interfieran en el bienestar de las personas, buscando siempre ser consecuentes en nuestro actuar, es decir actuando con probidad, rectitud, desinterés, ecuanimidad, imparcialidad, justicia en todos los escenarios de la vida.
La integralidad se evidencia en la rectitud de la totalidad de sus acciones, es decir en el ser cabal, razonable, objetivo, benévolo, prudente, amante de lo moral, honesto, decente, amable, honorable, de comportamiento excelente e intachable ante la comunidad.
En este sentido, ser integro implica ser comprometido con la comunidad buscando siempre su dignidad y su calidad de vida, pero no sólo comprometido sino que busca comprometer, asegurar, afirmar y formar a la comunidad para hacerla responsable de la toma de aquellas decisiones que le afectan y que son tradicionalmente tomadas por terceros, evidenciando, exponiendo, demostrando la importancia del cumplimiento de los deberes y derechos que se tienen como ciudadano.
Al existir la integridad como valor final y los subsiguientes valores instrumentales como fundamento del comportamiento personal en los diferentes espacios de la vida, especialmente en los espacios de participación de la comunidad y en los espacios políticos, se despierta la credibilidad y confianza por parte de las personas que ven un actuar recto y virtuoso, demostrándose de esta manera que es el Miraísmo la ideología política que permite renovar el concepto de la política y de la sociedad.
La integridad es la característica que evidencia la plenitud del ser humano, como ser benévolo que propende por valorar a todas las personas como iguales y en libertad, independientemente de sus diferencias culturales o de género y reconoce lo derechos y deberes como ciudadanos, adicionalmente, implica favorecer a las personas no privándolos de información, comunicar, enterar, anunciar, para que las personas cuenten con herramientas para decidir, no siendo se esta manera impositores sino pacificadores, armonizadores de las realidades que aquejan a las personas, no enfatizando en las problemáticas en sí mismas, sino mostrando que siempre hay una solución.